domingo, 20 de noviembre de 2011

Proyección en el tiempo


Una de las acepciones de la palabra proyección es “imagen o manifestación de una cosa en otra”. Llevando esta definición de proyección a la vida, podría significar componer una imagen de nuestra propia vida en otro tempo.

Hoy ante la pregunta “¿cómo me proyectaba para este verano?” la respuesta se escondió tras el silencio. La duda se apropio de mis pensamientos… entonces me detuve y dije… ¿cómo puede ser que me resulte fácil proyectarme a períodos lejanos de tiempo y complicado hacerlo en períodos más cercanos?

¡Un momento!... ¿cuándo nos proyectamos acaso, no imaginamos?... Componemos una película de nuestra vida en distinto tiempo, sea cual sea ese tiempo. Entonces ¿por qué me costaba hacer esa composición a sólo un  par de meses de la actualidad y me era más fácil en un periodo más alejado?

Sin duda la película que imaginamos es irreal, y nada más irreal que pensar a largo plazo ¿no?...no siempre, pero es verdad que cuanto mayor es el tiempo en el cual proyectas, menos puntos de comparación hay con la realidad.

Hagamos una prueba… supongamos que usted piensa en un viaje que realizara en 5 años, y luego piense en realizar ese mismo viaje en 15 días, seguramente este último le será más complicado. Habrá mas variables en juego, como ¿con qué dinero cuento?, ¿sí puedo pedir vacaciones en el trabajo?, o ¿con quién dejo el perro? Me conecto más con la realidad, esas preguntas seguramente no las hicimos cuando pensamos en un viaje a 5 años.

Creo que logro entender porque me resulta más difícil proyectar mi vida a un futuro cercano que en uno lejano.  Cuanto más próximo está el futuro más conexiones con el presente hay, y se consideran variables que antes no eran consideradas.

Al imaginar a largo plazo, esa película también está sustentada por pilares ilusorios, lo cual facilita la proyección.

Por Lucas del Vallín

miércoles, 9 de noviembre de 2011

¿Dios tiene facebook?

Redes sociales, todo un fenómeno de nuestros días. Las redes sociales, están compuestas por grupos de personas que están conectadas entre sí. Parece ser fundamental en estos días estar conectado con otras personas.

Y… ¿dios tiene facebook? Sonaba en mi cabeza reiteradas veces esa pregunta mientras escribía este artículo, una pregunta cuya respuesta es demasiado obvia, pero… digo juguemos un rato.

En la mitología griega acaso no existen muchos dioses, el dios de tiempo, el dios del mar, el dios de  la luz y porque no el dios facebook, el soberano, padre de los dioses y hombres, al igual que Zeus. Todo debe ser refundado con el paso del tiempo y la tecnología.

¿No hay hoy muchas personas que hacen preguntas en el facebok esperando ansiosamente las respuestas o comentarios de otras personas al igual que lo hacían los antiguos griegos, que consultaban el oráculo a la espera de la respuesta de los dioses? En la mitología griega el oráculo, era el lugar a donde asistían los mortales, como yo, para que lo dioses les dijeran su parecer ante determinadas situaciones. Seguro nos dirían lo correcto, ¡¡¡Son dioses!!!

Entonces ¿el facebook es como el oráculo? Si los dioses se agregaran quizá sí, este podría ser nuestro nexo. Aaah no olvidemos subir fotos, esto también los ayudaría a tener una idea más fiel de la realidad de la nuestras vidas.

Ahora bien este fenómeno de redes sociales también puede ser utilizado para monitorear nuestras vidas por posibles secuestradores. No solo estas publicaciones, como si fueran una ventana de nuestras vidas, puede ser vista solo por los dioses. ¡¿Pero cómo?!... ¿el oráculo no es solo para los dioses?  Esto no parece ser tan así…

También se utilizan estos medios, para estudiar a las persona. Hay empresas que analizan y agrupan a las personas según sus intereses o actividades, ya que es un mapa de todos los lazos relevantes de cada una de ellas. Hacen llegar por ejemplo propagandas políticas. ¡¡No puede ser!!… ¿Dios no es de ningún partido político? Creo que lo pilares que sostienen mi vida están siendo derrumbados... 
Tranquilo también propagadas de otras cosas.

Bueno este es un fenómeno social que azota por estos días. Como  dijo Charles Bukowski “La gente no me llena, me vacía en fin estas redes sociales son sub-conjuntos de personas entrelazadas y conectadas entre sí.

No es que yo sea un Anarquista total, tengo facebook, celular y demás solo esta bueno ironizar un poco, además sino hago ironías y comparaciones irreales en un tema actual, este artículo seria aburrido y lo cambiarían rápidamente por el facebook.

Por Lucas del Vallín

miércoles, 2 de noviembre de 2011

El poder de la palabra

No soy una persona de decir a cada rato mis sentimientos, tal vez tendría que hacerlo más, pero sin embargo protejo un poco mas mi sentir, no con las acciones pero si con las palabras. No pronuncio fácilmente el “te quiero”, o el “te amo”, no está en mi forma de ser. ¿Está mal o está bien? es una pregunta que suelo hacerme y no encuentro la fórmula que me diga que hacer.

Muchas veces pienso por dentro, que suerte tienen aquellas personas que deslizan a cada momento esas palabras. Como si estas palabras no constaran  de suficiente fuerza y fuera necesario repetirlas.

Aunque pienso ¿serán genuinas esas palabas?  No será que las nombran a cada rato porque en sí no encierran mucho valor para ellos. No lo sé, es una forma de pensar, solo digo que quizás el repetir mucho estas palabras debilitan su significado.

Yo al menos no revelo tan fácilmente lo que realmente siento. Suelo mimetizarlo con risas o con un mirada picara, hacer algún juego de palabras. No es que quiera defender mi forma de ser y hacer creer que esto que planteo este bien.

Si bien hay veces que expreso estos sentimientos,  no es esto lo más habitual. Mi boca no es un manantial por donde se deslizan estas palabras. Trato de escatimar estas palabras justamente para que estas no pierdan su valor.

Lo que trato de decir es que justamente no uso con frecuencia estas expresiones, para no minimizar su genuino valor. Por esto al dosificar estas palabras, ganan un gran valor emocional que las separa de muchas otras, no solo para quien las recibe sino también para quien las dice.

Por Lucas del Vallín