Seguramente si comparamos la vida con un juego muchas
personas dirían “nada tiene que ver con
nada”, pero tratemos de abstraernos de esa connotación de suerte y deporte
que todos asociamos con la palabra juego. Y pensemos, no en cualquier juego,
sino en el Ajedrez.
“el ajedrez no es como la vida, es la vida misma” dijo Bobby
Fischer. Y cuando leí esta frase no pude evitar la comparación.
Lo que el Ajedrez tiene como particularidad, es que el
factor suerte, que está presente en todos los juegos es disminuido, dejando
este factor casi nulo. Todo queda librado a la habilidad y estrategia que posee
y lleva a cabo cada jugador. Y a su vez esta habilidad y estrategia está sujeto
a los movimientos o jugadas que el otro jugador realice.
Esto trasladándolo a la vida, no es ni más ni menos que las
relaciones humanas, donde tu forma de actuar está íntimamente relacionada a la
forma de actuar del otro. Claro que las relaciones humanas son mucho más
complejas y muchas veces los
intervinientes no son solo dos personas, pero en definitiva a grandes rasgos
este punto de comparación es totalmente valido.
También son fundamentales las habilidades, capacidades y
estrategias, este último refiere a la forma de vida de cada persona. Por
supuesto nuevamente, más complejo las habilidades pueden ser adquiridas según
la capacidad de cada uno. Este es otro punto valido de comparación que vuelve a
darle la razón a Bobby Fischer.
Pero la suerte si es fundamental en la vida, esto derribaba
toda comparación posible entre esta y el Ajedrez. Pero un momento, traslademos
el juego a la vida y asignemos una pieza a cada persona.
Que desgracia si me tocara ser el Peón, quien va al frente de batalla y es el primero que matan, además
solo puede mover un solo casillero casillero
por vez. Y a quien no le gustaría ser la reina,
quien no tiene ninguna restricción o el rey,
que es quien tiene más valor y todas las piezas son sacrificables con tal de
que el no pierda su vida.
De esta manera la comparación entre la vida y el Ajedrez sí
tiene muchos puntos de comparación. Por supuesto las relaciones humanas tendrán
infinitos vericuetos y salvedades, pero a grandes rasgos la frase de Bobby
Fisher demostró ser válida.
Ahh una cosa más cuando termina el juego, todas las piezas
van a la misma caja.
Por Lucas del Vallín

